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ADOLFO NICOLAS

La Compañia de Jesús ya tiene nuevo Superior. El español Adolfo Nicolás ha sido el elegido. Os dejo una brave reseña biografica y su homilia del dia 20 de Enero del 2008.


BIOGRAFIA


Adolfo Nicolás Pachón (Villamuriel de Cerrato, Palencia, 29 de abril de 1936) es un sacerdote jesuita español. El 19 de enero de 2008 fue elegido Superior General de la Compañía de Jesús por los 217 electores reunidos en Roma, como sucesor de Peter Hans Kolvenbach, en la 35ª Congregación General, convirtiéndose en el séptimo español que llega al cargo.

Es el tercero de cuatro hermanos (Antonio, Félix, Adolfo y Jose). Su padre era militar de profesión.

Estudió en el Colegio de Areneros con la promoción de 1953.

El 15 de septiembre de 1953 comenzó su vida religiosa entrando como novicio en Aranjuez. Posteriormente terminó los estudios de Filosofía en Alcalá de Henares. Se trasladó a Tokio donde terminó Teología y fue ordenado sacerdote el 17 de marzo de 1967 con 31 años de edad. Un año después y durante los tres años posteriores vive en Roma donde estudia el doctorado en Teología en la Pontificia Universidad Gregoriana (principal centro académico de la orden). En 1971 vuelve a Asia, donde estuvo cuarenta y tres años. En Tokio ejerce como profesor de Teología Sistemática en la Universidad Sophia. Después de siete años en Tokio se traslada a Filipinas donde se convirtió en el director del Instituto Pastoral de Manila hasta 1984.

Entre 1991 y 1993 se convierte en el rector del Escolasticado de Tokio. Posteriormente durante 1993 a 1999 es el Superior Provincial de los Jesuitas en Japón. Y desde 2004 y hasta su elección como prepósito general ostenta el cargo de presidente de la Conferencia de Provinciales de Asia Oriental y Oceanía.



HOMILIA

Ante todo quisiera decir que este no es un mensaje para el mundo. Esuna simple homilía. Una reflexión en oración sobre las lecturas de hoypara los jesuitas que estamos aquí.

La primera lectura deIsaías creo que nos da a todos nosotros, cristianos, un poco la visiónde cuál es nuestra misión en el mundo. Isaías nos dice que todos hemossido llamados a ser servidores, que estamos aquí para servir. Es unclaro mensaje sobre cuál es nuestra misión como jesuitas, comocristianos, como pueblo de Dios. Dios nos hace servidores. En esto elSeñor encuentra satisfacción. La traducción española que se ha leídodice que Dios está orgulloso del Siervo. La traducción italiana diceque Dios “tiene satisfacción”. Creo que ésta última sea más cercana alo que la Biblia quiere decir. Más nos hacemos servidores, tanto más leagrada al Señor. Creo que esta es una imagen que debemos llevarnos connosotros hoy.

Los periódicos, las revistas están jugando estosdías con el “cliché”: Que si el Papa negro, el Papa blanco, poder,encuentros, discusiones… Pero todo estos es tan superficial, tanirreal! Esto no es más que un poco de alimento para los que aman lapolítica, pero no para nosotros.



Isaías nos dice: Serviragrada al Señor. Servir es lo que cuenta: Servir a la Iglesia, serviral mundo, servir a los hombres, servir al Evangelio. También SanIgnacio nos ha dicho a modo de resumen sobre nuestra vida: En todo amary servir. Y nuestro Papa, el Santo Padre Benedicto XVI nos ha dicho queDios es amor. Nos ha recordado la esencia del Evangelio.

DespuésIsaías nos dice cuál es la fuerza del servidor. La fuerza del servidores solamente Dios. Nosotros no tenemos otra fuerza. Ni las fuerzasexternas de la política, de los negocios, de los medios decomunicación, ni la fuerza interna de la investigación, del estudio, delos títulos. Solamente Dios. Como los pobres. Hace poco conversaba conuno de vosotros, sobre algo que me sucedió en un tiempo en quetrabajaba con emigrantes. Una experiencia que me impresionó hondamente.A una filipina que había tenido muchas dificultades para integrarse enla sociedad japonesa, que había sufrido muchísimo, se le acercó otrafilipina pidiéndole consejo: -Tengo dificultades con mi marido, y no sési divorciarme, si continuar… Le pedía consejo sobre estos problemasbastante habituales. La primera le respondió: -No se que decirte ahoramismo. Pero ven conmigo a la Iglesia y recemos, porque para nosotroslos pobres, solamente Dios nos ayuda-. Esto me impresionó mucho, porquees muy verdadero. Para los pobres, solamente Dios es la fuerza. Paranosotros sólo Dios es la fuerza. Para el servicio desinteresado sincondiciones sólo Dios es la fuerza.
Después continua el Profetahablándonos de salud. Nuestro mensaje es un mensaje de salud, desalvación. Indica más adelante el punto que me ha impresionado más:Nuestro Dios, nuestra fe, nuestro mensaje, nuestra salud, son tangrandes que no se pueden encerrar en un recipiente, en un grupo, en unacomunidad, aunque sea una comunidad religiosa. Se trata de noticias desalvación para todas las naciones. Es un mensaje universal porque elmismo mensaje es enorme. Un mensaje que de por sí es irreductible.

Hoy estamos aquí todas las naciones representadas. Todos, todo el mundoestá aquí representado. Sin embargo las naciones continúan aún más aabrirse. Pienso yo hoy, para mí cuales son ahora las “naciones”. Enefecto, aquí estamos todas las naciones geográficas, pero quizá existenotras naciones, otras comunidades no geográficas, sino humanas quereclaman nuestra asistencia: los pobres, los marginados, los excluídos.En este mundo globalizado aumenta el número de los que son excluídospor todos. De los que son disminuidos, porque en la sociedad sólotienen cabida los grandes, no los pequeños. Todos los desaventajados,los manipulados, todos estos, son quizá para nosotros estas “naciones”:Las naciones que tienen necesidad del profeta, del mensaje de Dios.

Ayerdespués de la elección, después del primer shock, llegó el momento dela ayuda fraterna. Todos vosotros me habéis dado un saludo muygeneroso, ofreciendo vuestro apoyo y ayuda. Uno de vosotros me ha dichoen un susurro: -¡No te olvides de los pobres!-. Quizá este es el saludomás importante, como cuando Pablo se dirige a las Iglesias más ricaspidiendo para los pobres de Jerusalén. No te olvides de los pobres:Estos son nuestras “naciones”. Esta son las naciones para las que lasalvación es todavía un sueño, un deseo. Quizá está ya entre ellas,pero no la perciben.

¿Y los otros? Los otros son nuestroscolaboradores, si participan de la misma perspectiva, que tienen elmismo corazón que Cristo nos ha dado. Y si ellos tienen un corazóntodavía más grande, y una visión todavía más grande, entonces somosnosotros los colaboradores suyos. Porque lo que cuenta es la salud, lasalvación, la alegría de los pobres. Lo que cuenta, lo que es real esla esperanza, la salvación, la salud. Y nosotros queremos que estasalvación, que esta salud se extienda como una explosión de salvación.Así habla Isaías: Que sea una salvación que a todos alcance. Unasalvación según el corazón de Dios, de su voluntad, de su Espíritu.

Nosotroscontinuamos nuestra Congregación general. Quizá este es el punto quedebemos discernir. En este momento de nuestra historia donde debemosponer nuestra atención, nuestro servicio, nuestras energías. O conotras palabras, cuál es el color, el tono, la figura de la salvaciónhoy para tantos y tantos que tienen de ella necesidad, para tantas“naciones” humanas, no geográficas que todavía reclaman salud. Sonmuchos los que esperan en una salvación que todavía no hemoscomprendido. Abrirse a esta realidad es el desafío, la llamada de estemomento.

Así, y con esto vamos al Evangelio de hoy, es comonosotros podemos ser verdaderos discípulos del Cordero de Dios, Aquelque quita nuestros pecados y nos conduce a un mundo nuevo. Y Él, elCordero de Dios, se ha presentado a sí mismo como Servidor, el quelleva a cumplimiento la doctrina de Isaías, el mensaje de los Profetas.Su identidad de Servidor será el signo, la marca de nuestra propiamisión, de la llamada a la que tratamos de responder en estos días.

Oramostodos juntos por este sentido de Misión de la Iglesia, para que sea afavor de las “naciones”, no de nosotros mismos. Las “Naciones” quetodavía están lejos, no geográficamente, sino humanamente,existencialmente. Para que la alegría, la esperanza que viene delEvangelio sea una realidad con la que nosotros podamos colaborar unpoco. Haciéndolo con mucho amor, y con un servicio desinteresado.

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